#2 - (des)Armar una historia
- Francisco Negri

- 27 ene 2022
- 6 min de lectura
a P sado e
“La indagación sobre el pasado no es sino
la sombra proyectada de una interrogación
dirigida al presente”
Giorgio Agamben
“Contar una historia cambia a quien la cuenta.
Y por momentos la ficción es la única manera
de pensar lo verdadero”
Federico Falco
“Cada uno hace de su cuerpo una ficción”
Juan José Saer
Una vez en una clase, Gabi nos propuso pensar la posibilidad de que se puede ver hacia atrás solo girando la cabeza, sin cambiar el sentido del torso. Así, el cuerpo queda mirando en dos direcciones, la cabeza hacia atrás y el torso y piernas hacia adelante.
Mientras empezaba a escribir este texto se me vino a la cabeza ese recuerdo, casi como una aparición mística o un golpe de suerte. Recuerdo que en esas épocas entrenaba todos los días, a la mañana cursaba mi formación en la UNSAM y al mediodía me iba corriendo -junto a mis amigxs- al Teatro Mandril donde Gabi daba su Laboratorio “Eureka”. Era el primer año de la propuesta, y había una energía latente dando vueltas por el aire de experimentar e ir descubriendo juntxs qué era eso que estábamos haciendo. A veces después de las clases en el Mandril cada unx se iba a dar clases a otro lado, y así las jornadas duraban casi doce horas. Esa experiencia me permitió pensar que el laboratorio también puede ser un lugar para fallar, para arriesgar, donde el espacio se ensucia y las posibilidades son infinitas. Pero por sobre todas las cosas, lo que más recuerdo es la sensación de que el cuerpo era la materia principal para la experimentación y la escena, que solo necesita de estímulos para que surja la verdad de la búsqueda. Así diciéndolo me hace acordar al título de un seminario que tomé el año pasado, “Sin cuerpo no tenemos nada”.
¿Cómo escribir sobre una experiencia del cuerpo? Este texto es un intento por pensar, a través de las palabras -y necesariamente el cuerpo-, lo que se pone en escena, lo que se oculta, y lo que se esconde pero permanece ligeramente a la vista esperando ser descubierto. Es una escritura conmovida, que se mueve con (y a través) de las sensaciones y la reflexión.
Vuelvo al principio, vuelvo a (em)pe(n)sar. Sigue dando vueltas en mi cabeza la imagen de Gabi en la sala del fondo del Mandril lanzando la propuesta que describía al comienzo. Recuerdo el tono de su cuerpo, su mirada, la tensión que habita en sus manos y sus piernas; casi con seguridad recuerdo -aunque ya no sé si lo imagino- lo que tenía puesto ella y como estaba peinada. Da tantas vueltas en mi cabeza esta pequeña puesta en escena que habita mi memoria, que me trae otro recuerdo: la sensación de mareo y la vista borrosa después de hacer una larga secuencia de acrobacias. Tres años después, mientras escribo este texto, repito una y otra vez el gesto de girar la cabeza por sobre uno de mis hombros, dejando en el lugar mi torso y piernas. Siempre lo hago hacia la izquierda. Atrás mío está la cama tendida, adelante están mis manos que bailan sobre las teclas de la computadora.
Una vez más invoco el recuerdo de aquella clase y siento que algo empieza a cobrar sentido. Ese gesto ¿no es acaso una forma de mirar el pasado sin perder el eje del presente y la proyección del futuro?. Quizás sobre esto último tenga que ver todo esto, pensar (otras) formas de habitar el tiempo, las direcciones y los recuerdos. Y, quizás, sobre esto último (también) tenga que ver todo esto.
La memoria, en parte, es eso; una unidad fragmentada. Un chispero que empieza a traer un recuerdo tras otro, que propone conexiones sorpresivas e inesperadas. Consagrada se erige a través de ese mismo recurso, un gran mundo -la gimnasia- que se descompone en pequeñas partes. La escena es habitada por un cuerpo que percibiendo las reminiscencias de lo pretérito se abre desde el presente para comenzar a caminar hacia el futuro.
Ese gran mundo se descompone, se contamina, se pudre. Se extraen sus pequeñas capas de sentido, los signos que configuran su representación, se unen gestos con recuerdos, y se transforma la representación en vivencia. Un conjunto deportivo, un par de zapatos, una bandera, un caballete, decenas de vendas, decenas de mallas, cientos de medallas y trofeos. 6 entrenadores, 3 amigas, 1 novio.
Hacer listas para no olvidar. Una forma sencilla y rápida de cuantificar los recuerdos.
Un caballete que se abre en
partes, como capas que
componen una gran unidad
Hoy en un ensayo escuché decir a una compañera que lo que más le gustaba de hacer acrobacia era que le permitía habitar varios cuerpos. Inmediatamente recuerdo una frase de Barthes “¿Qué cuerpo? tenemos varios” . Vuelvo a Consagrada para rumiar sobre esto mismo. No es nada revolucionario pensar en la gimnasia como una disciplina que normativiza y disciplina el cuerpo, que exige y demanda ciertas configuraciones corporales, y que para eso también excluye ciertas otras. Se imponen parámetros y formas de entrenar que llevan al cuerpo al (los) límite(s). Dicho así que lejos queda Barthes. Para la gimnasia no hay (varios) cuerpos, no importan las subjetividades, no importan los pensamientos, no importan las emociones. Una disciplina que no se deja afectar por las lesiones, que desprecia al cuerpo y lo piensa de forma descartable. Escribo esto, pienso en el circo, y me acuerdo de las jornadas de doce horas, del ir de acá para allá, de entrenar al máximo todos los días, de los conflictos corporales de mis compañerxs. Algo me hace ruido, ¿será que hay ciertas construcciones que atraviesan mundos y se sostienen a lo largo de los años?
Lo que pesa no son los chocolates comidos a escondidas y con culpa, no es la cena del viernes en el tenedor libre. Lo que pesa es la norma, que irrumpe -como no puede ser de otra manera- de formas violentas. Lo que pesa es la promoción del individualismo y de la competencia, la rivalidad. Pero, ¿qué pasa cuando los cuerpos se revelan? cuando lo que se rompe no es producto de una lesión sino una herida que desde adentro arde y quema. La llaga de una historia que funciona como motor y como disparador, que no busca “curarse” hacerla desaparecer, sino cicatrizarla y que quede ahí su huella. Poder tocarla y sentir el relieve de una lastimadura, sentir su porosidad, su picazón. El archivo frágil de una disputa vital.
Consagrada propone no renunciar al pasado, a lo vivido, porque se lanza a transformar lo que pesa en una forma de mutar, reciclar el cuerpo y descascarar el deseo. Se monta así una gran red que en un intento por sobrevivir termina transformándose en un guardaespaldas para enfrentar al pasado. La potencia de esa unión son los recuerdos, las conversaciones, las personas con las que se compartieron esos momentos. Lo que queda es eso, la memoria sensible del encuentro humano, de la amistad y del compañerismo; la posibilidad de recuperar esos instantes en los que la competencia se vuelve secundaria y la complicidad lo empapa todo.
Las manos se anudan entre sí, se arma un gran tejido que captura las individualidades y las convierte en un colectivo. La unión de experiencias, que reciclan la violencia, la hostilidad y la competencia, volviéndose un entramado de llantos, risas y alegrías.
Esta obra es mucho más que una denuncia, porque no juzga desde la moral o la ética. Esta obra es un dispositivo que le permite a la intérprete decir lo que, en su momento, no pudo. Se monta, así, un espacio seguro para desplegar un pasado pe(n)sado y volverlo un futuro aliviador. La ficción es justamente esto, una forma singular de hacer mundos a través de gestos, movimientos y destrezas. Una forma de romper lo real para transformarlo en algo más profundo. Pero por sobre todas las cosas, la ficción es una política del reconocimiento; la reivindicación de una historia y de un pasado que se rompen, volviéndose escombros. Y con esos escombros se traza una nueva fantasía, que permite hacer y decir lo que las normas impidieron y censuraron. La posibilidad de construir una (nueva) individualidad, que sin dejar de reconocerse parte de un colectivo, se vuelve pura potencia.
Poner a dialogar recuerdos, armar ficciones y puestas en escena de esos ecos que por momentos resuenan y retumban en las cavidades del cuerpo. Hacer de esos ruidos ensordecedores la más perfecta melodía que nos ponga a bailar y despliegue una fiesta de deseos, ya no de lo que fue, sino de todo lo que -todavía- puede ser.
18/10/2021

Consagrada
Autoría: Gabi Parigi y Flor Micha
Intérprete: Gabi Parigi
Dirección: Flor Micha
Para más info. http://www.alternativateatral.com/obra74645-consagrada
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